miércoles, 13 de enero de 2016

Rafael Nadal, una leyenda en entredicho




Un campeón
Nueve Roland Garros, dos Wimbeldon y una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín son solo algunos de los muchísimos triunfos que Rafael Nadal, el celebérrimo tenista español, acapara en sus vitrinas. Este muchacho mallorquín, al que le caracterizan su humildad y superación personal, ha sido coronado como uno de los mejores tenistas de la historia. Pero además de todas estas luces, su éxito puede verse desde otro punto de vista y algunas de sus intervenciones en medios de comunicación han dado mucho que hablar.

Rafa Nadal ha sido para muchos jóvenes un camino a seguir, pues en más de una ocasión le hemos oído decir frases como “la clave del éxito está en esforzarse y entregarse a una causa”. Esta especie de lema hace resonar en mis oídos el famoso término de “el sueño americano”, esa ideología que defiende que la prosperidad en la vida depende del trabajo y el empeño que le ponga cada uno a lo que quiere conseguir. No pongo en duda el esfuerzo de Rafa para llegar a lo más alto, pero estoy seguro que su entorno y contexto social le ayudó a ello. No es excesivamente dificultoso encontrar información sobre la familia de un hito como Rafa Nadal, y después de no mucho indagar por la red me encontré con que su tío Ángel Nadal jugó en el Fútbol Club Barcelona y que su otro tío es el propietario de una empresa que construye pistas de pádel y organiza torneos en Mallorca. Con estos ejemplos podemos ver que su familia pertenecía a una clase alta y que seguramente al pequeño Rafa no le faltó nunca de nada. Que le pregunten a algún niño del cuerno de África o a cualquier chaval que trabaje en una fábrica de zapatillas en un país asiático si se sienten con las mismas posibilidades de llegar a ser un tenista como él lo es hoy en día. La respuesta es clara ¿verdad? Me parece correcto y admirable lo que ha conseguido Nadal en su trayectoria, pero no me gusta su faceta de gurú de la vida, cuando hace apenas unos años abrió una empresa en Guipúzcoa para pagar menos impuestos.

Además, su nacionalismo español exacerbado pone muchas veces en entredicho sus valores. En una entrevista en el periódico ABC publicada el pasado mes de abril, Nadal dejaba ver su apoyo a las políticas de austeridad del PP y nos deleitaba con perlas como “Yo de España siempre digo que es un país donde se vive bien. La mayoría de gente vive bien” ¿Cómo puede ser que un deportista reconocido por su honestidad y deportividad apoye a un partido sistemáticamente corrupto como lo es el PP? Además, en cuanto a sus declaraciones, está claro que en España se vive EN GENERAL mejor que en otros países del mundo, pero la pobreza de España no es de las que se ven en la calle, sino que se representa en la malnutrición infantil, los desahucios o las familias sin ingresos.

En conclusión, Rafael Nadal sería un verdadero héroe para mí si pagara los impuestos donde debe, si no apoyara a gobiernos que siembran pobreza y si se diera cuenta de que existen muchas más realidades además de la suya.
 
Jon Salvador, 2º Bachillerato E

martes, 12 de enero de 2016

"lo que la mirada busca"

Bajo grandes gotas de agua
Una mirada solemne
Todos los días al alba
Un cambio busca inminente

Ver mariposas al vuelo
más no existe en esa mente
si no es la libertad y una
cálida brisa en frente

-¡Ay mi querida libertad!
¡Ay mi intensa falta de verte!
Todos los días añoro
tu querido murmullo verde

Y pienso en acariciarte
y al fin poder tenerte,
mas fuertes son los barrotes
que consiguen retenerme

Y así pasaré mis días
condenado eternamente
aislado en este infierno
pensando en ti intensamente
                Lorena Gil                                                                                     
                Marta Gurruchaga                                                                                
                Iñaki Larrea                                                                                    
                Ander León                                                                                     
                Heidy Piloto                                                                                 
                3º ESO E                                                                                          

                 

lunes, 11 de enero de 2016

Corella la bella



             

Habían pasado veinte años desde la última vez que estuve en aquella casa. Estaba ansiosa por volver a verla y recordar aquellos maravillosos quince veranos que habíamos pasado allí. Esperaba también poder reencontrarme con viejos amigos con los que compartimos horas y horas de piscina y juegos. "¿Habrán cambiado mucho las cosas?, ¿seguirá alguno de ellos por allí?, ¿me reconocerán?, ¿lo haré yo?..." no paraba de peguntarme durante el viaje. Las preguntas y los recuerdos no dejaban de retumbarme en la cabeza, y casi no fui capaz de darme cuenta de que el tren estaba parando, y de que por megafonía estaban anunciando que ya habíamos llegado a nuestro destino.

Rápidamente, cogí las maletas y avisé a mi hermana, quien, al contrario que yo, se había pasado todo el viaje dormida.

Nada más salir, recordé el clima seco y soleado de la zona. Me puse mi pamela de paja y al instante, reconocí unos gritos ensordecedores que tan solo podían pertenecer a mi prima.

Hacía diez años que no había estado con ella, y me hacía mucha ilusión volver a verla. Mi prima era siete años mayor que yo y nueve mayor que mi hermana. La encontré tal y como la dejé la última vez que la vi. Piel muy morena, melenita rubia muy desordenada (tal y como es ella), expresiva, alegre y acogedora.

Nos montó en su vieja furgoneta granate, llena de polvo y con un desagradable olor a perro mojado. Mi prima es veterinaria, se desvive por los animales y todo lo que tenga que ver con ellos.

Una vez nos montamos, no paró de hablarnos de la gente, del pueblo, de las últimas novedades sucedidas y de todo tipo de acontecimientos en general que habían ocurrido por allí. Fue un viaje muy entretenido. No paramos de interrumpirnos las unas a las otras, puesto que teníamos mucho que contarnos. Al mismo tiempo, miraba con sorpresa los cambios que iba apreciando por el pueblo: En el cruce donde un tractor había atropellado a mi amigo Rubén destrozando su querida bicicleta amarilla ¡por fin habían puesto un semáforo! El convento donde nos colábamos por las noches para poder coger las pastas y rosquillas que hacía Sor Mª Luisa, lo habían convertido en una preciosa biblioteca con un gran jardín lleno de árboles y flores de todos los tipos y colores...

Al fin, dobló la esquina para coger la calle donde se encontraba nuestra casa, y para mi sorpresa, parecía que el tiempo se hubiera detenido allí desde hace veinte años, ¿seguiría todo realmente igual?.....

Coro Lorza. 4º ESO A

viernes, 8 de enero de 2016

El mester de clerecía





(INTRODUCCIÓN)
En muy pocas palabras/ahora os vamos a explicar
Cómo eran las cosas/ en la antigua ciudad.
Con los ojos bien abiertos/ y atentos debéis estar
Pues un canto de clérigos/ vais a escuchar.

Los poetas cultos/ que clérigos se hacían llamar,
En las grandes universidades/ debían estudiar
Para escribir los poemas/ que vamos a cantar,
A todas las personas/ que nos quieran escuchar.

Ahora el contenido/ os vamos a explicar
Pero antes, dos autores/ os vamos a presentar:
Gonzalo de Berceo,/ y arcipreste de Hita están.

(CONTENIDO)
Oíd amigos, con el contenido/ vamos a comenzar.
Los escritores/ en textos latinos se debían basar
Y sus fuentes/ muy a menudo citar,
Pues solo lo escrito/ se consideraba verdad.

De los temas,/ muchos podríamos mencionar,
Ya que hay/ una inmensa variedad.
Religiosos, históricos/ o novelescos, entre más,
Y en vidas de santos y figuras/ se pueden centrar.

Entretener y enseñar/ es su finalidad,
Como didáctica también/ se podría expresar,
Pues quieren transmitir/ una enseñanza doctrinal.

(CARACTERÍSTICAS FORMALES)
Las características formales/ahora vamos a explicar,
para que vuestros propios cantares/podáis redactar.
Estas obras que los clérigos/en alto narraban,
y no en prosa sino en verso/juntos las cantaban.

Con un lenguaje sencillo/y muchos paralelismos
se creaban y escribían/los cantares de los mismos.
En cuanto a la métrica/usaban la Cuaderna Vía,
un recurso muy adecuado,/para poder crear poesía.


(OBRAS)
Ahora a las obras/ paso habrá que dar
Primero el Libro de Alexandre/ debemos analizar.
Una versión en romance/ de una obra latina es.
Sin embargo, su autor/ no se sabe quién es.

La leyenda de Alejandro Magno/ nos quiere relatar
Sabiduría y fortaleza/ osaba representar.
La ambición de gloria,/ que se arriesgaba a ostentar
La ira de Dios/ hizo provocar.

El libro de Apolonio/ahora os voy a contar,
que tiene como propósito/la vida de un rey narrar.
Y con las mismas características/de la novela bizantina,
mezclando amor y aventuras/la historia felizmente termina.

(EJERCICIOS)
Después de todo el tema/ con éxito aclarar,
Con unos ejercicios/ ahora habrá que practicar.


(FIN)
Ahora sí,/ lo damos por terminado,
Esperamos vuestras dudas/ hayamos aclarado.
Y cantando/terminamos el día,
mester de clerecía,/mester de clerecía.

 Sara Atristain y Teresa Olano. 1º bachiller C

Los límites del bien y el mal


Una sociedad está constituida por un factor dicho “bueno” y en consecuencia su opuesto, el “malo”. Sin embargo, ¿quién es responsable de la clasificación de nuestras acciones? ¿Quién establece estos límites éticos?
Por un lado, el poder legislativo ocupa un gran papel en este establecimiento. Estos son los encargados de hacer y reformar las leyes, es decir lo que uno ha o no de hacer. En otras palabras, lo que es legalmente correcto o incorrecto. Según estas normas, los seres humanos tenemos unas nociones orientativas que nos hacen controlarnos y, por tanto, actuar como deberíamos. 
Además de los políticos, también existen otras personas implicadas en esta distinción, como son los filósofos. Debido a una constante analítica del comportamiento humano, estos se han encargado a lo largo de la historia de elaborar pensamientos propios relacionados con la ética, con el fin de que sus doctrinas se conviertan en un modelo para la sociedad.
Por otro lado, es evidente que para que exista el bien, debe existir el mal. Todo concepto o palabra posee su antónimo y aunque estos se opongan es inevitable la relación que les une. Esto sucede de manera idéntica con la ética y los principios morales. En una sociedad utópicamente perfecta, ¿cómo se distinguirían estos dos factores? ¿Cómo se podría definir nuestra actitud? Llevar una vida sin infringir las normas y respetando las libertades y derechos humanos es considerado como algo bueno, ya que esta forma de vida se opone a la de la delincuencia y el quebrantamiento de las leyes, lo considerado como malo. Dicho de otro modo, el mal es un punto comparativo. Es decir que los encargados de marcar esta diferencia son, en parte, los responsables del mal.
En conclusión, el bien y el mal son unos conceptos que se han ido estableciendo a lo largo del tiempo. Esto es la consecuencia de la evolución de los sistemas políticos y del comportamiento social. Por ello, los límites entre el bien y el mal no se atribuyen a una sola persona en un periodo de tiempo determinado, sino que es algo efímero.

 Elena Álvarez 1º bachiller C

Manchas




El pelo, manchado de rojo, se deslizaba suavemente sobre una superficie que antes era blanca, pero ahora ya no, ahora aquella superficie estaba cubierta por una enorme mancha roja.
Y allí estaba Sofía, con las manos cubiertas de ese mismo líquido rojo.
Estaba dispuesta a darlo todo para acabar lo que ella quería, no aguantaba más, necesitaba terminar de una vez.
Minutos después se oyó su último suspiro: ¡Terminé!
Mientras una vez más, el pelo de su pincel manchado de rojo, se deslizaba suavemente por un lienzo que antes era blanco, pero ahora ya no, ahora estaba cubierto de pintura roja. Y es que Sofía estaba deseando terminar, de una vez por todas, ese cuadro en el cual ahora se reflejaba la imagen de unos bonitos tomates.

Sara Atristain 1ºbachiller C

La habitación





Amanda Williams despertó cuando notó el húmedo tacto de una gota caer sobre su mejilla. Yacía sobre un frío suelo de madera, en una habitación cerrada iluminada por una simple bombilla que colgaba del techo.

            Abrió los ojos, y se incorporó lentamente. Echó un vistazo a su alrededor, tratando de orientarse, pero nada de lo que vio le resultó familiar. Se encontraba en una habitación cuadrada, de paredes blancas y suelo de madera. En una esquina había un catre, que recordaba al de las prisiones de las películas policíacas. En la pared opuesta había un inodoro y un lavabo. Debido al escaso mantenimiento del lugar, el agua de estos había adquirido un color parduzco. Sobre el lavabo colgaba un espejo rectangular, que apenas podía cumplir su función por a la cantidad de suciedad amontonada sobre él.  
            Amanda se levantó, combatiendo su dolor de cabeza. Miró su reloj de pulsera, que, afortunadamente, seguía funcionando, a pesar de tener el cristal roto. Las agujas marcaban las tres, no sabía si de la madrugada o de la tarde, pero aquello era lo que menos le importaba por el momento.
            Se acercó al espejo, y con la manga del jersey retiró la mayor cantidad de polvo que pudo, hasta que la blanca lana adquirió un tono negruzco. Se miró al espejo. Amanda Williams era una muchacha joven, de pelo negro y ojos azules. Era delgada y de estatura media. En aquel momento vestía varías capas de ropa bajo su jersey, porque el invierno estaba siendo especialmente gélido. Abrió el grifo, y dejó correr el agua hasta que pasó de ser marronácea a cristalina. Se lavó la cara para despejarse. No sabía dónde estaba, ni por qué, pero sabía que debía mantener la calma para salir de aquel sitio.
            Notó algo vibrar en el bolsillo del pantalón, y se llevó la mano a sus vaqueros para sacar un móvil que a pesar de no ser suyo, tenía una llamada dirigida para ella. Se llevó el aparato a la oreja.
            -Hola Amanda –dijo una voz metálica-. Tú no me conoces, pero yo a ti sí. Presentaciones aparte, te diré a qué viene todo esto. Tienes tres minutos para salir de esta habitación, si no lo haces, morirás al inhalar el gas que está entrando ahora mismo.
            Antes de poder alarmarse, empezó a entrar un gas por el resquicio de la puerta. Trató de abrirla, pero tal y como esperaba, estaba bloqueada. Cerró los ojos, tratando de tranquilizarse para calmar su respiración atropellada y pensar en una solución.
            Cuando los abrió de nuevo, dirigió un vistazo rápido a la habitación, analizando cualquier cosa que le pudiese ayudar en su huida. La única salida posible aparte de la puerta era un conducto de ventilación lo suficientemente grande como para entrar una persona en él, pero situada a una altura que no podría alcanzar aunque usase el catre a modo de escalera.
            De pronto, el conducto de ventilación se abrió, como si se le estuviera otorgando una oportunidad divina. Una persona que ocultaba su cara asomó la cabeza y le tendió la mano. Amanda la aceptó, sin pensar si era una mano que le ofrecía ayuda o si estaba abrazando la propia muerte.

  Marta Gómez DBH 4A