viernes, 5 de febrero de 2016

SAPERE AUDE



Hitler, Stalin, Mussolini, Franco…completan  una interminable lista de feroces dictadores que hoy en día inmediatamente relacionamos con la barbarie, la soberbia, la injusticia, pero que en su momento tuvieron un enorme apoyo. Gran parte de los ciudadanos les adoraban, les tenían en un pedestal; los ideales fascistas y totalitarios eran su causa, la razón por la que peleaban todos los días, a veces incluso hasta la muerte. ¿A qué se debe este cambio de pensamiento en un lapso de tiempo tan breve? ¿Cual es la línea que separaba aquello tan bueno de lo horrendo de hoy en día?

Creo que la respuesta es de las más fáciles que he podido dar nunca: la ignorancia. En aquella época en la que los pueblos alemanes e italianos estaban completamente humillados, en la que los rusos veían un rayo de luz al final del túnel con el comunismo, en la que España estaba completamente dividida, los ciudadanos no se preocupaban ni un instante de observar la forma de actuar de sus gobiernos, el fin justificaba los medios. Los disparos acallaban las palabras, el diálogo quedaba sumido bajo una violencia extrema. A las personas parecía no importarles el holocausto, las bombas atómicas; aquel falso patriotismo lo justificaba todo, era la razón por la que las personas estaban completamente ciegas, ciegas de sentimientos, de empatía, de mano izquierda.

Era muy bonita la historia que querían escuchar. Hitler elevaría a lo más alto la raza aria que estaba siendo corrompida, Musolinni conseguiría recuperar aquel glorioso reino que Julio César conquistó bajo el “Veni, Vidi, Vici”, Franco traería la unidad, y Stalin daría al pueblo el poder que tanto ansiaba. Todo esto, en un contexto de una absoluta falta de valores, en la que las personas se aferraban al primer rayo de esperanza que veían. Como ya he dicho antes, esa ansia de bienestar de la población impedía ver la brutal represión con la que las protestas eran respondidas, impedía ver que podía existir más de una respuesta válida para una misma pregunta.

Hoy en día, una vez abiertos los ojos, una vez abandonada la ignorancia, ya nos hemos dado cuenta de lo que esas “personas” supusieron para la raza humana. Por ello, me parece esencial que las sucesivas generaciones sean informadas de lo que estos dictadores hicieron, para que no se queden en alguna frase patriótica o idealista que en algún momento pronunciaron, para que sean capaces de llegar a lo más profundo de lo que proponían, y sepan valorar, aunque sea penosa, la democracia en la que vivimos. Ya que, como alguien dijo una vez: “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

Ion Elustondo, 2º Bachillerato D